Opinión de un ciudadano

Crónica personal del pleno extraordinario celebrado en Guadarrama, el día 23 de junio de 2015, contada por el que suscribe

Era poco antes de las 10 de la madrugada de un bochornoso día de incipiente verano cuando hice mi entrada, falto de sueño y sin duchar, en el noble salón de plenos de nuestro ilustre consistorio. La noche anterior había sido larga. Nada más regresar de Madrid a las 3 a. m., me encontré con que la pequeña marabunta, que había dejado en el cuarto de baño al salir de casa, se había propagado y extendido por el resto de mi vivienda, respetando tan sólo mi dormitorio. Lo avanzado de la hora y el estruendo que produce la aspiradora me hicieron desistir de mi primera intención, que era empuñar el electrodoméstico como en días anteriores para combatir la plaga, pues me considero persona de orden y no estaba en mi ánimo despertar al vecindario en horas tan extemporáneas. Por tanto, me atrincheré en mi cuarto con el iPad y busqué en internet métodos silenciosos de extermino de hormigas. Recomendaban el empleo de agua jabonosa arrojada mediante difusor al cuerpo de tan prolíficos insectos, pero yo no tenía ningún difusor vacío, de modo que eché mano de uno casi lleno de limpiador multiusos, marca Aliada, y descargué sin piedad la mitad de su contenido sobre parte de esa especie invasora. Una vez echado a dormir, no sin cierto resquemor, visitaron mis sueños inquietantes pesadillas y, cuando sonó el despertador, me asaltó la terrible realidad de que esos bichos habían seguido reproduciéndose sin saber yo cómo. Dado que era una hora más cristiana y llevado por el resentimiento que me producía el cansancio, no dudé ni un instante en acudir a la aspiradora y blandirla por el suelo, causando en el diminuto ejército numerosísimas bajas. Todo este extenso preámbulo para justificar algunas de las lagunas que se producirán ahora en el relato de los hechos. Pero basta ya de disquisiciones.

Tras saludar a algunos compañeros, me arrellané en uno de los butacones que nuestra clase política había tenido a bien poner a disposición del pueblo soberano, en espera de la aparición de los concejales y la alcaldesa. Llegada la hora, todos entraron al salón y tomaron asiento en sus lugares respectivos. Así, de lejos, a la alcaldesa se la veía tensa. Y yo me pregunté: «¿qué tendrá la alcaldesa?», pero no logro recordar si llevaba la boquita de fresa. Su primera intervención fue para reconvenir a nuestro concejal consorte y prohibirle grabar con su supercámara el pleno en su totalidad, como era la intención, a lo cual reaccionó nuestro compañero Miguel y requirió la presencia de la Guardia Civil. Se hizo caso omiso al requerimiento y la cosa no pasó a mayores. La temperancia, que es nuestra guía, nos recomendó dejarlo así y no grabar.

El primer punto del orden del día, la aprobación del borrador del acta anterior, se aprobó sin más.

El segundo punto, la renuncia del concejal de vox, tuvo más enjundia. Una vez presentada la renuncia por el concejal, la alcaldesa casi le echa con cajas destempladas del pleno. El pobre concejal no daba crédito, invocaba un real decreto que la alcaldesa no le permitía especificar y, al final, ya sin palabras, debió de echarle una mirada de auxilio al secretario, que confirmó su derecho a formar parte del pleno hasta que la junta electoral aceptara su renuncia.

En el tercer punto, la constitución de los grupos políticos y el nombramiento de los portavoces de los mismos, se saldó sin problemas y sin discusión. 

El cuarto punto, la propuesta de la alcaldesa sobre el régimen de sesiones, que quería dejar en sólo diez plenos al año, suscitó discusión y al final se llegó al acuerdo de subirlo a once, aunque nosotros e IU abogábamos por doce. 

En el quinto punto, la propuesta de la alcaldesa sobre la creación y composición de las comisiones, sí que hubo vidilla, porque los representantes del PP se abstuvieron en contra de sus intereses y a favor de la propuesta de la alcaldesa, que decidió dividir por dos el número de concejales por partido, desoyendo nuestra propuesta de que se respetaran los votos de los ciudadanos y que cada grupo contara con el mismo número de votos que representantes había sacado. Ante la cerrazón en banda de la regidora, el secretario se atrevió a decir tímidamente que la propuesta de Sí se puede Guadarrama era legal, pero ella saltó como una hidra regañándole y espetándole que podía ser legal, pero que no era su propuesta. La puntilla fue la abstención de la concejala de IU, que hizo que prosperara la propuesta de la alcaldesa sólo por su voto de calidad.

En el punto sexto hubo un receso, ya que la alcaldesa había optado nombrar a la concejala de IU representante de los intereses de la izquierda, cuando acababa de cargarse la votación anterior. Leonor, la de IU, dijo con displicencia que a ella no le importaba pasarle la pelota a otro, que ella ya había trabajado mucho. A la postre, después del receso, salió como representante un concejal del PSOE.

Y llega la joya de la corona, el punto séptimo, donde se decidían las retribuciones de los miembros de la corporación. Aquí se armó un guirigay, porque la alcaldesa quería imponer su voluntad, cayera quien cayera. No atendía a razones. Todos los partidos políticos abogaban por una mayor moderación de los salarios y algunos llevaban incluso propuestas ya preparadas, pero todos coincidían en la necesidad de que este punto volviera a tratarse en otro pleno y que se llegara a un consenso entre todos los partidos. En tono despótico y ensoberbecido, como durante todo el pleno, entre balbuceos e interjecciones, a trancas y barrancas, la señora alcaldesa reprochaba con indignación que todos los partidos de la oposición se habían reunido para boicotearla, que no le habían invitado a la fiesta y que no querían ajuntarla, que se habían formado un equipo aparte y ella se sentía excluida, de modo que, o se aceptaba el reparto como ella establecía, o todo se iba a la mierda y allí no cobraba en cuatro años ni Dios. Echó un órdago y al final lo perdió, porque todos los
partidos votaron en contra de su propuesta. Aquí ya se acabó el pleno. Los tres puntos que quedaban se los pasó por el arco del triunfo y levantó la sesión.

A la salida, se veía cara de enorme preocupación en todos los concejales de APPG, veían amenazados sus pingües sueldos que ellos creían tan asegurados. Parecían echarle la bronca al portavoz del PP. Ellos, que habían nadado en la abundancia, se veían ahora con dificultades para hacer frente a las obligaciones contraídas, la imposibilidad de pagar la hipoteca, el desahucio. ¿Quién coño había dado la vuelta a la tortilla? Pero bueno, lo cierto es que probablemente todo sea un farol y que convoque otro pleno en el que se bajará el refajo y buscará cierto consenso, ya que no me la imagino yo saliendo en las noticias de ámbito nacional para explicar que toda la corporación se queda
sin cobrar durante toda la legislatura porque no han querido aprobarle un sueldo muy superior al de las alcaldesas de Barcelona y Madrid.

Ya veremos lo que pasa

Julio Grande

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